Biografía: Crispín Fernández, de mal estudiante en la primaria a genio del saxofón

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El músico y profesor Crispín Fernández

SANTO DOMINGO.- Su saxo será escuchado eternamente en los discos Soplando, Mudanza y acarrero y Ojalá que llueva café, de Juan Luis Guerra; Colegiala y Me muero por ella, de Alex Bueno; La quiero a morir, de Sergio Vargas y Los Hijos del Rey; El pocker del sabor, del Conjunto Quisqueya y cientos de otros álbumes.

En la escuela no fue un buen estudiante; repitió en tres ocasiones el quinto nivel de educación básica.  Por los constantes reclamos de su madre y con mucho esfuerzo, llegó al octavo grado. Sin embargo, como músico su coeficiente intelectual llegó al puntaje de genio. Almacenaba en su cerebro cada nota musical que recibía de sus profesores e hizo de la música su familia y al día de hoy, respira, vive, se levanta y se acuesta por ella, y al dormir, también sueña con notas musicales.

Crispín Fernández Minaya nació en Villa Vásquez, República Dominicana, el 20 de enero de 1946, hijo de José Fernández y Ramona Minaya. Era un niño dócil, obediente y sin ninguna conexión con la música.

Fue criado por su madre, pues a la edad de 28 años su padre falleció. Meses antes de su deceso y sin estar enfermo, quizá presintiendo que no estaría mucho tiempo junto a sus hijos, su progenitor fue a la casa de Eduardo Cruz Acosta, profesor de música de la escuela de la comunidad, quien era su amigo y le pidió que les enseñara música a sus dos hijos, pues no los quería ver como granjeros.

Crispín tenía siete y su hermano Kilvio nueve años cuando falleció su padre. Tras lo ocurrido, el maestro Eduardo buscó a los dos niños, los inscribió en la academia de música y los contrató con un salario de 50 centavos a cada uno.  Además de enseñarlos a solfear, los puso a repartir los papeles a los músicos de la banda municipal cuando esta ensayaba o tocaba.

En la academia, Crispín encontró su razón de vivir y tras llegar a la lección número 30 del método Eslava, se decidió por la trompeta. Sin embargo, el saxofonista, Manuel Muñoz, de la banda de música, se fue a Manzanillo a tocar con la orquesta de esa comunidad y el maestro Eduardo Cruz le dio a Crispín ese instrumento y lo puso estudiar saxofón, y a su hermano, trompeta.

Como músico había empezado a destacarse, pero en la escuela era un pésimo estudiante pues pasaba de curso con las peores calificaciones. Los educadores le reprochaban y repitió en tres ocasiones el quinto grado.

Estaba escrito que lo suyo no era la escuela, pero con mucho esfuerzo llegó al octavo curso y según confesó, él cree que aprobaba por ser hermano de una profesora.

Pero con la música llegaba al extremo de tener un coeficiente intelectual por encima de los demás. Cuando tenía 13 años conoció al saxofonista Tavito Vásquez, quien fue a tocar a Montecristi y se acercó a la ventana del local donde estaban amenizando la actividad para ver de cerca a su ídolo. Con timidez, Crispín se le acercó.

– Yo soy un admirador suyo, estudio saxofón y me llamo Crispín Fernández, le dijo.

– ¡Qué bien!. Le voy a regalar esta caña de saxofón y cuando vaya a la capital visite mi casa, le contestó Tavito.

Ese encuentro lo marcó para siempre y le dio más motivación, ya que desde años antes había escuchado hablar de la profesionalidad de este virtuoso de la música y lo había conocido.

A principios de 1961 fue a Santo Domingo y visitó la casa de Tavito Vásquez, ubicada en la calle doctor Tejada Florentino y este le dio las técnicas de cómo colocar la boquilla del instrumento en los labios.

Durante esa corta visita, Tavito llevó a Crispín a La Voz Dominica para un recorrido por las instalaciones de la planta televisora y la emisora radial, mostrándoles las bandas que tocaban allí, los músicos, locutores y presentadores, así como la escuela de música que funcionaba en el local.

Al siguiente año fue recomendado por el profesor apodado Garciíta para que entrara a la orquesta de la Policía Nacional, en la cual fue nombrado en octubre de 1962 y se mudó en Santo Domingo, en la casa de un familiar, ubicada en la calle Juan Erazo.

Con la Banda de Música de la Policía firmó un contrato por cuatro años y perfeccionó sus conocimientos en el manejo del saxofón.

Allí su maestro fue el trompetista mocano Hugo, quien le facilitó un saxofón moderno y a los pocos meses empezó a tocar con esa gran banda. Estando en esa institución se inscribió en el Conservatorio Nacional de Música, donde practicó con el clarinete.

Por su buen manejo en el saxofón también entró a la orquesta popular de la Policía Nacional, en la que Tavito, quien era asimilado de esa institución, tocaba el primer alto y Crispín ejecutaba el tercer alto. En aquella orquesta se juntaron maestro y alumno. Tocar junto a su maestro fue su mayor lujo y no se lo creía, pero ahí estaba y hasta se pellizcaba para demostrarse a sí mismo que no estaba soñando.

Luego entendió que debía aprender más de música popular y se integró a algunos grupos y “ventú” que tocaban en los cabarets y restaurantes de la ciudad capital. También entró al grupo de Reinaldo Cabrera, con quien conoció los centros nocturnos de Santo Domingo y fue parte de Los Juveniles Modernos.

En 1966 se le cumplió el contrato con la banda de la Policía, decidió no renovarlo y quedó sin trabajo por un tiempo. Para ese entonces sus profesores fueron Félix del Rosario y Sócrates de León (Choco).

 

En 1967 fue llamado por Johnny Ventura para tocar en El Combo Sow, que requería de un saxofonista, donde se juntó con músicos famosos como Andrés García (La Rana), Sony Ovalles y otros. Con esta orquesta grabó sus primeros temas como Los algodones, Floriman y El papelito blanco. Ese año también viajó por primera vez a Nueva York y en 1969 hizo su segunda gira con esa orquesta y decidió quedarse en Estados Unidos para seguir estudiando.

-Johnny, me voy a quedar en Nueva York. Quiero aprender más y me dijeron de unos profesores que me van a enseñar la técnica de cómo tocar sin que me maltrate los labios. Mira como los tengo, llenos de sangre, le dijo Crispín al merenguero.

-Crispín, tú no te me puedes quedar, ahora es que estamos pegados, piénsalo bien, le manifestó Johnny Ventura.

No valieron ruegos y en esa gira se quedó en la ciudad de los rascacielos, sin que el cantante le hiciera algún reproche. Desde esa época y hasta 1976 estudió en Lyn Olver; la escuela de música Jazz Mobile; Academia de Música de Nueva York y en el City College University, de esa misma ciudad.

En Nueva York fueron sus profesores Nick Rodríguez, Henry Slonik, JoeAllard, Mario Rivera, Roy Steven y Eddie Burfield. No solo se hizo saxofonista, sino que también estudió flauta y embocadura de trompeta. Además, domina la tambora, güira, guitarra y el piano.

A finales de los 70 entró a El conjunto Quisqueya, donde empezó una carrera importante como músico de grabación, participando en varios discos como El pocker del sabor, que contiene los temas Celos, Trulla navideña, Mi piel, Mala maña, Esa y El divorcio de María Crsitina, a los cuales les puso su sello con el saxo. En los años que estuvo como miembro de esta orquesta radicada en Puerto Rico, grabó otros temas.

A principios de los 80 volvió a su país, ya con experiencia y conocimiento, pero no tenía idea de que se convertiría en uno de los más buscados músicos para grabar.

“Cuando llegué a Santo Domingo me cobijé debajo de un gran árbol que fue Tavito Vásquez. Ese fue mi padre musical, él me mostró cómo hacer buena música y todos los trucos del saxofón. A él le debo todo”, confesó el músico.

A partir de 1983 entró al catálogo Karen Record para grabar el saxo en los temas de la empresa, estudio que era dirigido por Ramón Orlando y conoció a su presidente, Bienvenido Rodríguez, quien solo lo quería para sus artistas.

-Crispín, yo quiero que tú seas saxofonista exclusivo de esta empresa, le dijo Bienvenido.

-No, maestro, si alguien me busca para tocar y grabar yo tengo que hacerlo. El pueblo se merece escuchar mi música en otros artistas, le respondió Crispín.

 

En Karen, grabó las tres primeras producciones musicales de Juan Luis Guerra, como fueron Soplando, Mudanza y acarrero y Ojalá que llueva café. Con Alex Bueno, le puso su saxo a todos los temas de los álbumes Colegiala, Me muero por ella y Jardín Prohibido; mientras que con Rubby Pérez grabó las canciones de los LP Buscando tus besos y Fiesta para dos.

También grabó los primeros dos discos de Sergio Vargas con Los Hijos del rey, que contienen temas como Si algún día la ves, Madre mía, La quiero a morir, vamos a dejarlo todo, Tú vacilándome y yo esperándote, entre otros.

 

En 1986 entró a la Orquesta Internacional de Ramón Orlando, en la que además de músico, participó como arreglista de varias canciones. Con Ramón grabó más de 100 merengues.

“Yo puedo asegurar que desde 1983 yo grababa 9 de cada 10 merengues, y sin temor a equivocarme, puedo decirte con certeza que he puesto mi saxo en más de 2,000 canciones”, dijo Crispín.

También ha trabajado con Coco Band, Alex Mansilla, Maridalia Hernández, Dioni Fernández, Wilfrido Vargas, Tito Puente, Rafael Solano, Charlie Palmieri, Tito Rodríguez, Eddie Bastian, Charanga Ilusión, Carlos Alfredo Fatule. También ha participado en la grabación de música para cine y jingles de distintas empresas comerciales.

“Soy un apasionado de la música y creo que por eso vivo tan feliz. Yo puedo iniciar una conversación de cualquier tema del ámbito nacional o internacional, pero acabo hablando de música”, precisó el notable músico.

Su residencia es como un museo de música, donde se pueden observar desde pinturas de distintos pentagramas musicales, instrumentos como piano, guitarra, tambora, güira, saxofón, flauta, trompeta, trombón, bajo, hasta libros de música, colecciones de long play (LP), discos 45 RPM, casetes, cinta 8 tracks, discos compactos y fotografías de artistas de diferentes géneros y épocas.

Una de sus tantas satisfacciones es enseñar música, no importa que paguen o no, pues lo importante para él es dejarle a una nueva generación lo que ha aprendido durante más de 50 años de carrera.

“A mí me satisface enseñar y no lo hago por dinero, pero también me encanta aprender de los talentos nuevos. Me gustaría que los conocimientos que tengo como músico, pasárselos a una generación que se está formando hoy, porque al final lo que cuenta es dejar ese legado a otros y que estos lo vayan pasando, como hizo el maestro Tavito Vásquez conmigo y con otros”, manifestó.

Crispín Fernández es el fundador y director del grupo experimental Licuado, con el cual lanzó los álbumes Licuado Vol. 1, Licuado, Vol. II y Licuado, Vol. III, tres exquisitos discos de merengue fusionado con jazz. Es miembro fundador de la Santo Domingo Jazz Big Band.

Entre 1980-1982 fue músico de la Orquesta Sinfónica Nacional de Santo Domingo, como intérprete de flauta y flauta Piccolo. A menudo toca el saxofón en esta orquesta.

En 1996 asumió el cargo de director del Departamento de Música Folclórica y Popular del Conservatorio Nacional de Música, en Santo Domingo. Además, fue profesor de saxofón de la misma institución.

Fue profesor en Boys Harbor School of Music, de Nueva York, y el Instituto de Cultura y Arte (ICA) en la ciudad de Santiago.

Ha sido acompañante de conciertos y espectáculos nacionales e internacionales, como el Festival Oti de la Canción; el Festival del Merengue en España; Los Merengues del Casandra; Primer Congreso del Merengue en Santiago; Festival de Música Caribeña, en Remini, Italia; así como grandes eventos realizados en Venezuela, México, Panamá, Puerto Rico, Japón y otros.

Preparado por Fausto Polanco