La vida de Ana Julia y las parejas que tuvo en España contada por sus vecinos

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ESPAÑA.- «A buscar el sueño español». Es a lo que, dicen quienes conocen a Ana Julia Quezada, vino a España desde la República Dominicana hace unas tres décadas. Aquí conoció a Miguel, con quien llegó a casarse y compartir la paternidad de una hija, y fue en buena parte el motivo por el que desarrolló una vida durante más de veinte años en Burgos capital. «Él estaba muy enamorado. La quería mucho». Tanto que unas Navidades de hace unos 25 años -los cálculos entre quienes les conocían no logran precisarlo- llevó a Ana Julia a casa de sus padres y la presentó como su «novia», tras haberla conocido en club de alterne.

Los progenitores aceptaron y empezaron una vida en común en la que la alegría por el temprano nacimiento de una niña unió a la pareja. Pero esa alegría se vio ensombrecida por la muerte de la pequeña que la mujer había tenido con otra pareja en su tierra natal. «¡Anda que no les costó traerla!», recuerda a ABC una vecina del Camino Casa de la Vega en la que Ana Julia desarrolló buena parte de su vida en la capital de Cid. La pequeña llegó desde República Dominicana, pero apenas vivió en Burgos.

«No se adaptaba»

Ya entonces la muerte considerada accidental de la pequeña llamó la atención a los vecinos, que llegaron a sospechar sin querer creerlo de la implicación de la madre en el fallecimiento de la pequeña. Un domingo de 1996 se precipitó desde un séptimo piso al patio interior del número 41, en el que vivía la familia. Y ahora, casi 22 años después de ese trágico domingo que muchos recuerdan, las sospechas vuelven a las mentes de unos incrédulos vecinos que ni quisieron creer entonces que Ana Julia pudo tener algo que ver con el fallecimiento de la pequeña, de cuatro años, ni ahora en la del niño Gabriel Cruz.

La Guardia Civil investiga su pasado por Burgos y los ciudadanos rememoran aquellos años en los que le vieron llorar por su hija y que recuerdan «no se adaptaba» a su nueva vida en España y a los horarios escolares en un colegio a tan sólo unos metros de casa.

Del número 41 al 33 se mudó la familia poco después, donde aún viven su ex y la hija a la que ambos dieron sus apellidos. Un premio en la lotería, dicen, propició la mudanza sin moverse mucho -también residieron en la cercana colonia de la Inmaculada-, y allí continuó hasta que el matrimonio se separó. Los problemas a raíz de que el hombre se quedase en paro y las dificultades económicas enquistaron la relación y llevaron a la separación, lo que dejó a Miguel sumido en la «depresión». «Estaba muy enamorado de ella», recuerdan.

Pero Ana Julia pronto rehizo su vida y al menos tuvo otras dos relaciones sentimentales antes de conocer al padre del pequeño Gabriel. Otros dos burgaleses y con el motivo económico detrás de las relaciones de una persona que mostraba cierta obsesión por el dinero. Primero, estuvo con el dueño de un restaurante, un «señor mayor», dicen, a quien quiso sacar «los cuartos», pero una de las hijas se «enteró y lo impidió», señalan. No corrió la misma suerte, según cuentan, Sergio, precisamente con quien viajó y se instaló en la costa de Almería. «Con ese sí se casó y le desplumó», aseguran en el barrio de Gamonal, donde recuerdan a Ana Julia sin poder creer que cargue a sus espaldas con la muerte violenta de Gabriel Cruz y ahora vean acrecentadas sus dudas sobre las circunstancias que rodearon el fallecimiento de su hija mayor.

«Me lo dicen hace cuatro días y no me lo creo», aseguran en el barrio, donde ayer no había otro tema de conversación, aunque la mayor parte de la gente prefería no entrar en detalles ni opinar sobre Ana Julia. «La conocía de vista, de cuando trabajaba en la carnicería» era el comentario más repetido entre quienes se atrevían a reconocer que habían tratado con esa «chica simpática y agradable» dominicana a quien reconocieron nada más ver por televisión en los días de angustiosa búsqueda en el entorno de Las Hortichuelas de Níjar.

«¡Anda, que si las lágrimas de entonces -cuando murió su hija mayor- también eran falsas…!», dicen con pesar. Ayer, el establecimiento por el que muchos la conocían permanecía cerrado, pero acaparando todas las miradas y recordando el paso de esa joven y guapa dominicana al otro lado del mostrador -alguna de sus fotos en su perfil de redes sociales atestigua ese paso-, como también lo estuvo detrás de la barra de varios bares que ayer preferían guardar silencio.

«Se lo hizo pasar muy mal»

«Me he quedado alucinado, como todos», aseguran. Aunque quienes sí llegaron a tratar más con Ana Julia y Miguel aseguran, sin querer profundizar en detalles, que «le quiso joder mucho». Otros, amigos al menos en Facebook, aseguraban ayer que la iban a eliminar como «amiga» para que no se les identificara con la presunta asesina. «Los contactos que tuve con ella era de risas y buen rollo, nada más», decía una de ellas.

Ayer, el silencio era lo que imperaba en el hogar de su expareja, cerrada a cal y canto. Camionero dedicado al transporte internacional, suele salir los lunes de casa y volver para el fin de semana, pero ayer partió «pitando bien pronto». «Se lo ha hecho pasar muy mal», afirman en relación a Ana Julia Quezada, a quien ahora ya no ven con los mismos ojos que recordaban a esa joven «amable» en el Camino Casa de la Vega.

Fuente/ABC

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